Muchas mujeres participaron en los batallones de los países enfrentados, por lo que fueron reconocidas y conmemoradas tras el término de la guerra. En el caso chileno, mujeres soldado y cantineras destacaron por su labor al interior del ejército durante las campañas militares, así como mujeres de las elites sociales realizaron acciones de beneficencia.
La participación de las
mujeres chilenas en conflictos bélicos ya se había constatado durante la Guerra
contra la Confederación Perú-Boliviana (1837-1839). En este sentido, algunos
escritores chilenos destacaron dicha participación, particularmente a través de
la popular figura de la Sargento Candelaria Pérez (1810-1870), quien fue
cantinera y soldado.
El rol más conocido entre estas mujeres fue el de las denominadas "cantineras", también señaladas por algunos escritores e historiadores -Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886), Gonzalo Bulnes (1851-1936) y Nicanor Molinare Gallardo (1854-1924), entre ellos- como "camaradas" o "vivanderas". Estos términos fueron utilizados para identificar a esposas, familiares de milicianos y otras mujeres que aportaron con su trabajo en los batallones chilenos (Larraín, Paz. La presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico. Santiago: Eds. Centro de Estudios Bicentenario; Universidad Gabriela Mistral, 2006, p. 43-44).
Durante la guerra, las autoridades intentaron prohibir la participación de mujeres mediante un decreto firmado en junio de 1879, pues consideraron que su presencia afectaba la organización interna de los batallones y era necesario, además, detener las epidemias de enfermedades de transmisión sexual entre los soldados chilenos. A pesar del decreto, muchas mujeres mantuvieron su interés por participar del conflicto, por lo que dejaron sus ciudades de origen y solicitaron permiso para concurrir a los campos de batalla.
En 1881 apareció en la ciudad de Valparaíso el periódico La Cantinera, que tuvo como finalidad enaltecer la participación de las mujeres en la guerra, defender sus intereses y necesidades e, incluso, presentar su posición política frente a las elecciones presidenciales, luego del conflicto bélico.
Otras mujeres chilenas, sin abandonar sus hogares y desde las ciudades, donaron recursos, confeccionaron ropa y prepararon hilas -es decir, vendajes de trapo de lienzo- para las curaciones de los soldados.
Con el fin de estimular la cooperación de las mujeres, la prensa nacional las convocó permanentemente a través de artículos que exaltaban la necesidad de su incorporación al ejército o de prestar algún servicio benéfico. Así, mujeres religiosas y de clase alta prestaron servicios de atención sanitaria en los hospitales de sangre de Santiago, Valparaíso y otras ciudades, mientras que grupos de distintas provincias realizaron campañas solidarias para reunir fondos y sirvieron en instituciones de beneficencia destinadas a ayudar a las viudas, familias, niñas y niños huérfanos que dejó el conflicto bélico.
Cronología
1838 Agosto.
Candelaria Pérez se enrola como cantinera en el ejército chileno liderado por
Manuel Bulnes, en la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.
1879 19 de noviembre. Mercedes Debia y Filomena Valenzuela Goyenechea participan en la batalla de Dolores como cantineras, encargadas de rancho y soldados. Las tropas chilenas participan en la batalla de Dolores o San Francisco. Derrotan a las fuerzas de la alianza Perú-Boliviana lideradas por el general Juan Buendía.
1879 Mercedes Debia se embarca en el blindado "Cochrane" vestida como soldado, para acompañar a su esposo a la campaña del Perú.
1879 Irene Morales se embarca a Antofagasta con las tropas chilenas vestida de soldado. Luego se enrola como cantinera en el 3° de Línea.
1879 El gobierno decreta prohibición de que las mujeres ingresen o acompañen al ejército de campaña.
1879 Se funda el Asilo de la Patria de Nuestra Señora del Carmen, para socorrer a los huérfanos durante la guerra.
1879 2 de noviembre. Mercedes Debia participa en la batalla y toma de Pisagua como cantinera, encargada de rancho y soldado.
1880 22 de marzo. Filomena Valenzuela Goyenechea y Mercedes Debia participan como cantineras y soldados en la batalla de Los Ángeles.
La olvidada historia de las
mujeres de la Guerra del Pacífico
Escrita por Andrés Valenzuela, la novela Las mujeres de la Guerra del Pacífico (Ediciones B) vuelve la mirada sobre cómo fue la participación de ellas en el conflicto. En el frente desempeñaron diferentes roles, siendo los principales los de enfermeras y cantineras, pero hubo más. Incluso, el libro revela una particular medida que tomó el Ejército por esos días. Lo revisamos junto a su autor.
Un vacío fue lo que motivó al
escritor Andrés Valenzuela (44) para trabajar en una novela. Al revisar fuentes
históricas sobre la Guerra del Pacífico -su principal interés como novelista-,
notó que hay muy poca información sobre el rol de las mujeres en el conflicto.
“En general no es mucha, aunque es necesario hacer un alcance: en las fuentes
de época la mujer casi no existe porque a fines del siglo XIX la mujer estaba
relegada en prácticamente todo y puede deberse a eso que los cronistas o
historiadores de entonces las pasaran por alto”, asegura a Culto. Ya en esa
época el conflicto siempre se abordó desde una perspectiva masculina, y ello le
generó un interés que no pudo eludir.
Por ello, Valenzuela -quien ha
escrito otras novelas históricas como Fragata Cochrane (2024)- ahora publica
Las mujeres de la guerra del Pacífico (Ediciones B). Una novela apoyada con un
sólido trabajo documental en que relata la historia de dos mujeres -las
hermanas Eufrasia y Tránsito Varela- quienes deciden dejar de lado la comodidad
de la vida en Santiago para ir a la guerra lejana, en el norte. Ahí se
involucrarán en las labores que las mujeres cumplieron en el conflicto,
principalmente como enfermeras, cantineras e incluso como parte del Servicio
Secreto Chileno.
“Siempre se vio muy atractivo escribir sobre el rol de la mujer en la guerra del Pacífico, porque si bien los hechos y acciones de los que se tiene registro histórico están por lo general protagonizados por hombres, la mujer siempre al menos se infirió como presente. Sobre todo en la imagen de las cantineras, a quienes se les describió como personajes muy relevantes, incluso en este contexto de hombres y en donde hubo muchas más mujeres en otros diversos roles que pasaron más desapercibidos. Contar algo desde el punto de estas mujeres, desde su lugar relegado pero a la vez presente, parecía ideal para la historia sobre una familia en que la guerra va afectando, disgregando, desintegrando y rearmando los vínculos, articulándose así este relato coral que acabó siendo la novela”.
Quizás el principal rol de las mujeres en el Ejército fue el de cantinera, pero como se lee en la novela, no fue el único. “El rol estuvo vinculado al ámbito sanitario, cuidado de enfermos y administración de medicinas, también en relación a los víveres y logística, y en casos puntuales, además tomaron las armas y entraron en combate, aunque esa no era su función principal. No eran tantas las admitidas en cada unidad militar, las que para poder ingresar debían tener ‘demostrada juiciosidad y buenas costumbres’ en dichos de Erasmo Escala, comandante del ejército en el período inicial de la guerra. Se veían como una presencia más bien excepcional y mandatada más por necesidades operativas en el teatro de operaciones, aun cuando su presencia acabó siendo muy importante tanto para los soldados como para el ejército en general”.
Tanto fue el interés
de las mujeres por participar que -como sale en la novela- el Ejército debió
tomar medidas. En un principio se intentó
restringirles la participación, pero aquello no resultó. Luego, se intentó
organizarlas en un escalafón, pero las cantineras protestaron. Desde ahí, con
la guerra andando comenzaron a actuar, y fueron integradas de manera paulatina.
“Al inicio de la guerra fueron muchas las mujeres que fueron al norte junto al
ejército expedicionario chileno, muchas más que las cantineras que eran
situaciones puntuales admitidas expresamente. Aquí hablamos de esposas, madres,
hijas, mujeres que solo partieron a la guerra junto a sus maridos, hijos y
padres, las camaradas como las llamaban, familias completas que fueron al
conflicto, a las que se sumaron a tantas otras presentes por diversas razones
personales, desde hacer negocios, como las vianderas o las prostitutas, a
aquellas que buscaban un mejor futuro, venganza por alguna situación que
sufrieron o iban por la pura aventura, donde no era infrecuente ver mujeres que
se hicieron pasar por hombres para enrolarse”.
“Llegó así un
punto en que la presencia de tantas mujeres junto a un ejército en guerra
comenzó a inquietar al alto mando, por ejemplo, con la expansión de
enfermedades venéreas que comenzó a ser un problema. Pero lo curioso
es que las acciones para controlar todo eso se tomaron solo respecto a las
mujeres y no a los hombres, como prohibir su presencia, ordenar que fueran
examinadas por los médicos o dar facilidades para su salida del teatro de
operaciones, que fueron las medidas que de hecho se tomaron para esta
situación”.
“Chile ha sido el brazo de Dios”: que dijo la
prensa sobre la toma del Morro de Arica en la Guerra del Pacífico
En la novela aparece
una resolución llamativa: las mujeres tenían derecho a un pasaje de
retorno gratuito a Chile en caso de que quisieran abandonar el frente. Cuando
quisieran, en cualquier momento, sin preguntarle a nadie. Esto no fue ficción,
sino que efectivamente ocurrió. “Se hizo en el marco de estas medidas tomadas
por el alto mando, en particular a través de una orden de agosto de 1879 y
recalcado en su gratuidad por otra de diciembre de 1879”, comenta Valenzuela.
Lo que sí, aclara
Valenzuela, es muy complejo apuntar al número de mujeres que efectivamente
participaron en la guerra. “Es difícil hacer una estimación por la poca mención
que se hace en las propias fuentes de época. Lo que creo que se puede decir sin
temor a fallar tanto es que no fueron pocas y su participación no fue algo
irrelevante. Tal vez en los años venideros y producto de futuras investigaciones
históricas tengamos más nociones al respecto y ojalá que así sea, porque
interés en el tema yo creo que hay”.
Como sea, iniciativas como esta novela han contribuido a darle otro espesor al relato sobre la Guerra del Pacífico. “Creo que ya se le está dando una mirada distinta, al menos desde la historiografía más contemporánea -apunta Valenzuela-. Se tiende a visiones menos apasionadas o solo centradas en lo épico, reconociéndole lo que corresponde a los otros bandos beligerantes en el conflicto y recogiendo el lado humano y sangriento que costó miles de vidas que nadie de los que llevaron a los tres países a la guerra se tomó la molestia en resarcir”.
“Lo curioso es
que, en paralelo, en los tres países involucrados el conflicto sigue
romantizado en mayor o menor medida, con una visión similar a la que se tuvo al
momento de la guerra y motivado por la propaganda bélica, pero ciento cincuenta
años después. Es posible que esto se deba a una mixtura de la enseñanza que
recibimos de niños, las pasiones que todavía genera el tema en mucha gente y
una tradición de cómo asumir la guerra, que nunca se escindió de la forma en
que lo hicieron a fines del siglo XIX. Ahora, respecto a lo que uno trata de
plantear, resulta interesante tomar estos acontecimientos y, sin separarlos de
su contexto histórico inherente, recrearlos desde la ficción en clave más
contemporánea, buscando un poco más de realismo y alejándose del relato tan
legendario”.
¿Por qué crees que a la gente
le gusta leer sobre la Guerra del Pacífico?
Supongo que por su relevancia, la que se traduce en las
consecuencias que siguen presentes en los tres países beligerantes hasta el día
de hoy. Definió la forma en cómo nos relacionamos con países vecinos,
estableció fronteras que todavía son objeto de discusión y sentenció unas
rivalidades que ojalá no sean para siempre. Es un tema que si bien puede no
sentirse contingente, siempre está muy presente y puede que de eso venga el
interés, que no parece decaer con el tiempo.
https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100706.html
https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100706.html#cronologia
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