jueves, 16 de julio de 2026

Mujeres en la Guerra del Pacífico (1879-1884)

 Muchas mujeres participaron en los batallones de los países enfrentados, por lo que fueron reconocidas y conmemoradas tras el término de la guerra. En el caso chileno, mujeres soldado y cantineras destacaron por su labor al interior del ejército durante las campañas militares, así como mujeres de las elites sociales realizaron acciones de beneficencia.

La participación de las mujeres chilenas en conflictos bélicos ya se había constatado durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1837-1839). En este sentido, algunos escritores chilenos destacaron dicha participación, particularmente a través de la popular figura de la Sargento Candelaria Pérez (1810-1870), quien fue cantinera y soldado.

El rol más conocido entre estas mujeres fue el de las denominadas "cantineras", también señaladas por algunos escritores e historiadores -Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886), Gonzalo Bulnes (1851-1936) y Nicanor Molinare Gallardo (1854-1924), entre ellos- como "camaradas" o "vivanderas". Estos términos fueron utilizados para identificar a esposas, familiares de milicianos y otras mujeres que aportaron con su trabajo en los batallones chilenos (Larraín, Paz. La presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico. Santiago: Eds. Centro de Estudios Bicentenario; Universidad Gabriela Mistral, 2006, p. 43-44).

Durante la guerra, las autoridades intentaron prohibir la participación de mujeres mediante un decreto firmado en junio de 1879, pues consideraron que su presencia afectaba la organización interna de los batallones y era necesario, además, detener las epidemias de enfermedades de transmisión sexual entre los soldados chilenos. A pesar del decreto, muchas mujeres mantuvieron su interés por participar del conflicto, por lo que dejaron sus ciudades de origen y solicitaron permiso para concurrir a los campos de batalla.

 Debido a que muchas mujeres solicitaron integrarse a los batallones, fueron autorizadas implícitamente por el gobierno de Aníbal Pinto Garmendia (1825-1884) y el Ejército. En los batallones trabajaron de lavanderas, cocineras y costureras de la tropa; auxiliaron a los soldados heridos -junto con las Hermanas de la Caridad y otros grupos de asistencia sanitaria- y les suministraron agua durante el combate. De esta tarea viene el nombre de cantinera, pues dichas mujeres portaban una cantina o cantimplora con agua, que fue objeto distintivo de su misión y de su legítima incorporación a un regimiento (Larraín, p. 32).

 En los casos en que llegaron a intervenir directamente en las beligerancias, algunas mujeres lideraron batallones y alcanzaron grados militares (Larraín Mira, p. 41-75), como Irene Morales Galaz (1848-1890), Filomena Valenzuela Goyenechea (1848-1924), Leonor González, Carmen Vilches y Mercedes Debia, resaltadas por la historiografía militar y del conflicto bélico como heroínas de la patria. Como consecuencia de esta intervención armada, algunas mujeres fallecieron en batalla, entre ellas, Leonor Solar, Rosa Ramírez y Susana Montenegro.

En 1881 apareció en la ciudad de Valparaíso el periódico La Cantinera, que tuvo como finalidad enaltecer la participación de las mujeres en la guerra, defender sus intereses y necesidades e, incluso, presentar su posición política frente a las elecciones presidenciales, luego del conflicto bélico.

 Al término de la guerra, el Estado chileno confirió a los soldados una pensión a modo de retribución por sus servicios, beneficio al que solo algunas cantineras y camaradas pudieron acceder. Esta situación de inequidad propició que historiadores y políticos de inicios del siglo XX presentaran mociones y solicitudes en el Congreso e hicieran llamados por la prensa para que esas mujeres fuesen reconocidas como parte del ejército y recibieran sus pensiones.

Otras mujeres chilenas, sin abandonar sus hogares y desde las ciudades, donaron recursos, confeccionaron ropa y prepararon hilas -es decir, vendajes de trapo de lienzo- para las curaciones de los soldados.

Con el fin de estimular la cooperación de las mujeres, la prensa nacional las convocó permanentemente a través de artículos que exaltaban la necesidad de su incorporación al ejército o de prestar algún servicio benéfico. Así, mujeres religiosas y de clase alta prestaron servicios de atención sanitaria en los hospitales de sangre de Santiago, Valparaíso y otras ciudades, mientras que grupos de distintas provincias realizaron campañas solidarias para reunir fondos y sirvieron en instituciones de beneficencia destinadas a ayudar a las viudas, familias, niñas y niños huérfanos que dejó el conflicto bélico.

 Además de su presencia en la historiografía de la guerra y de diversos libros, folletos y artículos de prensa publicados en su honor, en 1910 se rindió un homenaje masivo en torno a la figura de una de ellas, Juana López, y se logró otorgar compensaciones a las mujeres soldados y sus familias por sus servicios al ejército con una gratificación económica.

Cronología

1838      Agosto. Candelaria Pérez se enrola como cantinera en el ejército chileno liderado por Manuel Bulnes, en la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.

 1839      20 de enero. Candelaria Pérez participa como cantinera y soldado en la batalla del cerro Pan de Azúcar y la batalla de Yungay.

 1861      Irene Moralaes Galaz se traslada a Valparaíso junto a su madre. Allí contrae matrimonio con un artesano carpintero, quien fallece al poco tiempo.

 1877      Irene Morales Galaz se traslada a la ciudad de Antofagasta, luego del fallecimiento de su primer esposo.

 1878      24 de septiembre. Santiago Pizarro, segundo esposo de Irene Morales, es fusilado tras ser acusado de asesinato.

 1879      Filomena Valenzuela Goyenechea se integra al recién creado Batallón Atacama N° 1 junto a sus hermanos, luego de solicitar su ingreso como cantinera del mismo batallón.

1879      19 de noviembre. Mercedes Debia y Filomena Valenzuela Goyenechea participan en la batalla de Dolores como cantineras, encargadas de rancho y soldados. Las tropas chilenas participan en la batalla de Dolores o San Francisco. Derrotan a las fuerzas de la alianza Perú-Boliviana lideradas por el general Juan Buendía.

1879      Mercedes Debia se embarca en el blindado "Cochrane" vestida como soldado, para acompañar a su esposo a la campaña del Perú.

1879      Irene Morales se embarca a Antofagasta con las tropas chilenas vestida de soldado. Luego se enrola como cantinera en el 3° de Línea.

 1879      Se funda la Sociedad Protectora de Santiago para apoyar a las familias de los soldados chilenos movilizados en los batallones.

1879      El gobierno decreta prohibición de que las mujeres ingresen o acompañen al ejército de campaña.

1879      Se funda el Asilo de la Patria de Nuestra Señora del Carmen, para socorrer a los huérfanos durante la guerra.

 1879      7 de julio. El general Erasmo Escala solicita al ministro de Guerra, Rafael Sotomayor, la incorporación oficial de las cantineras al regimiento 2° de Línea.

1879      2 de noviembre. Mercedes Debia participa en la batalla y toma de Pisagua como cantinera, encargada de rancho y soldado.

 1879      2 de noviembre. Filomena Valenzuela desembarca y participa en la toma de Pisagua como parte del batallón Atacama N° 1.

 1879      27 de noviembre. Rosa Ramírez y Leonor Solar fallecen en combate durante la batalla de Tarapacá.

 1879      15 de diciembre. Se funda en Santiago la Sociedad del Perpetuo Socorro. Dolores Vicuña Mackenna de Morandé es su primera presidenta.

 1879      30 de diciembre. Se funda la Sociedad Protectora de Valparaíso, que luego se extendió a otras ciudades importantes del país.

1880      22 de marzo. Filomena Valenzuela Goyenechea y Mercedes Debia participan como cantineras y soldados en la batalla de Los Ángeles.

 1880      26 de mayo. Mercedes Debia participa en la batalla y toma de Tacna como cantinera, encargada de rancho y soldado.

 1880      7 de junio. Mercedes Debia participa en la batalla y toma del morro de Arica.

 1881      13 de enero. Filomena Valenzuela Goyenechea y Mercedes Debia participan como cantineras y soldados en la batalla de Chorrillos.

 1881      15 de enero. Filomena Valenzuela Goyenechea participa como cantinera y soldado en la batalla de Miraflores.

 1881      Las cantineras sobrevivientes regresan a Valparaíso junto con sus regimientos. Son ovacionadas por los asistentes.

 1881      7 de junio. Se publica en Valparaíso el primero de los cinco números del diario La Cantinera.

 1888      7 de octubre. Irene Morales acude como parte del público a la ceremonia de inauguración del monumento al "Roto Chileno".

 1890      25 de agosto. Irene Morales Galaz Fallece en Santiago, en el Hospital San Borja, producto de una pulmonía.

 1904      24 de enero. Juana López fallece a la edad de 60 años.

 1910      6 de agosto. Pablo Urzúa Vergara, intendente de Santiago, inaugura la tumba de la cantinera Juana López, en el Cementerio General. Se realiza un homenaje público a las cantineras que participaron en la Guerra del Pacífico.

La olvidada historia de las mujeres de la Guerra del Pacífico

Escrita por Andrés Valenzuela, la novela Las mujeres de la Guerra del Pacífico (Ediciones B) vuelve la mirada sobre cómo fue la participación de ellas en el conflicto. En el frente desempeñaron diferentes roles, siendo los principales los de enfermeras y cantineras, pero hubo más. Incluso, el libro revela una particular medida que tomó el Ejército por esos días. Lo revisamos junto a su autor.

Un vacío fue lo que motivó al escritor Andrés Valenzuela (44) para trabajar en una novela. Al revisar fuentes históricas sobre la Guerra del Pacífico -su principal interés como novelista-, notó que hay muy poca información sobre el rol de las mujeres en el conflicto. “En general no es mucha, aunque es necesario hacer un alcance: en las fuentes de época la mujer casi no existe porque a fines del siglo XIX la mujer estaba relegada en prácticamente todo y puede deberse a eso que los cronistas o historiadores de entonces las pasaran por alto”, asegura a Culto. Ya en esa época el conflicto siempre se abordó desde una perspectiva masculina, y ello le generó un interés que no pudo eludir.

 

Por ello, Valenzuela -quien ha escrito otras novelas históricas como Fragata Cochrane (2024)- ahora publica Las mujeres de la guerra del Pacífico (Ediciones B). Una novela apoyada con un sólido trabajo documental en que relata la historia de dos mujeres -las hermanas Eufrasia y Tránsito Varela- quienes deciden dejar de lado la comodidad de la vida en Santiago para ir a la guerra lejana, en el norte. Ahí se involucrarán en las labores que las mujeres cumplieron en el conflicto, principalmente como enfermeras, cantineras e incluso como parte del Servicio Secreto Chileno.

“Siempre se vio muy atractivo escribir sobre el rol de la mujer en la guerra del Pacífico, porque si bien los hechos y acciones de los que se tiene registro histórico están por lo general protagonizados por hombres, la mujer siempre al menos se infirió como presente. Sobre todo en la imagen de las cantineras, a quienes se les describió como personajes muy relevantes, incluso en este contexto de hombres y en donde hubo muchas más mujeres en otros diversos roles que pasaron más desapercibidos. Contar algo desde el punto de estas mujeres, desde su lugar relegado pero a la vez presente, parecía ideal para la historia sobre una familia en que la guerra va afectando, disgregando, desintegrando y rearmando los vínculos, articulándose así este relato coral que acabó siendo la novela”.

Quizás el principal rol de las mujeres en el Ejército fue el de cantinera, pero como se lee en la novela, no fue el único. “El rol estuvo vinculado al ámbito sanitario, cuidado de enfermos y administración de medicinas, también en relación a los víveres y logística, y en casos puntuales, además tomaron las armas y entraron en combate, aunque esa no era su función principal. No eran tantas las admitidas en cada unidad militar, las que para poder ingresar debían tener ‘demostrada juiciosidad y buenas costumbres’ en dichos de Erasmo Escala, comandante del ejército en el período inicial de la guerra. Se veían como una presencia más bien excepcional y mandatada más por necesidades operativas en el teatro de operaciones, aun cuando su presencia acabó siendo muy importante tanto para los soldados como para el ejército en general”.

Tanto fue el interés de las mujeres por participar que -como sale en la novela- el Ejército debió tomar medidas. En un principio se intentó restringirles la participación, pero aquello no resultó. Luego, se intentó organizarlas en un escalafón, pero las cantineras protestaron. Desde ahí, con la guerra andando comenzaron a actuar, y fueron integradas de manera paulatina. “Al inicio de la guerra fueron muchas las mujeres que fueron al norte junto al ejército expedicionario chileno, muchas más que las cantineras que eran situaciones puntuales admitidas expresamente. Aquí hablamos de esposas, madres, hijas, mujeres que solo partieron a la guerra junto a sus maridos, hijos y padres, las camaradas como las llamaban, familias completas que fueron al conflicto, a las que se sumaron a tantas otras presentes por diversas razones personales, desde hacer negocios, como las vianderas o las prostitutas, a aquellas que buscaban un mejor futuro, venganza por alguna situación que sufrieron o iban por la pura aventura, donde no era infrecuente ver mujeres que se hicieron pasar por hombres para enrolarse”.

Llegó así un punto en que la presencia de tantas mujeres junto a un ejército en guerra comenzó a inquietar al alto mando, por ejemplo, con la expansión de enfermedades venéreas que comenzó a ser un problema. Pero lo curioso es que las acciones para controlar todo eso se tomaron solo respecto a las mujeres y no a los hombres, como prohibir su presencia, ordenar que fueran examinadas por los médicos o dar facilidades para su salida del teatro de operaciones, que fueron las medidas que de hecho se tomaron para esta situación”.

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En la novela aparece una resolución llamativa: las mujeres tenían derecho a un pasaje de retorno gratuito a Chile en caso de que quisieran abandonar el frente. Cuando quisieran, en cualquier momento, sin preguntarle a nadie. Esto no fue ficción, sino que efectivamente ocurrió. “Se hizo en el marco de estas medidas tomadas por el alto mando, en particular a través de una orden de agosto de 1879 y recalcado en su gratuidad por otra de diciembre de 1879”, comenta Valenzuela.

Lo que sí, aclara Valenzuela, es muy complejo apuntar al número de mujeres que efectivamente participaron en la guerra. “Es difícil hacer una estimación por la poca mención que se hace en las propias fuentes de época. Lo que creo que se puede decir sin temor a fallar tanto es que no fueron pocas y su participación no fue algo irrelevante. Tal vez en los años venideros y producto de futuras investigaciones históricas tengamos más nociones al respecto y ojalá que así sea, porque interés en el tema yo creo que hay”.

Como sea, iniciativas como esta novela han contribuido a darle otro espesor al relato sobre la Guerra del Pacífico. “Creo que ya se le está dando una mirada distinta, al menos desde la historiografía más contemporánea -apunta Valenzuela-. Se tiende a visiones menos apasionadas o solo centradas en lo épico, reconociéndole lo que corresponde a los otros bandos beligerantes en el conflicto y recogiendo el lado humano y sangriento que costó miles de vidas que nadie de los que llevaron a los tres países a la guerra se tomó la molestia en resarcir”.

“Lo curioso es que, en paralelo, en los tres países involucrados el conflicto sigue romantizado en mayor o menor medida, con una visión similar a la que se tuvo al momento de la guerra y motivado por la propaganda bélica, pero ciento cincuenta años después. Es posible que esto se deba a una mixtura de la enseñanza que recibimos de niños, las pasiones que todavía genera el tema en mucha gente y una tradición de cómo asumir la guerra, que nunca se escindió de la forma en que lo hicieron a fines del siglo XIX. Ahora, respecto a lo que uno trata de plantear, resulta interesante tomar estos acontecimientos y, sin separarlos de su contexto histórico inherente, recrearlos desde la ficción en clave más contemporánea, buscando un poco más de realismo y alejándose del relato tan legendario”.

¿Por qué crees que a la gente le gusta leer sobre la Guerra del Pacífico?

Supongo que por su relevancia, la que se traduce en las consecuencias que siguen presentes en los tres países beligerantes hasta el día de hoy. Definió la forma en cómo nos relacionamos con países vecinos, estableció fronteras que todavía son objeto de discusión y sentenció unas rivalidades que ojalá no sean para siempre. Es un tema que si bien puede no sentirse contingente, siempre está muy presente y puede que de eso venga el interés, que no parece decaer con el tiempo.

 https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0058685.pdf

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100706.html

https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100706.html#cronologia

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